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Asociación AIRE PURO
Campamento Laguna Rapagna
Setiembre 1997
Por Ricardo Rivadeneira Samaniego:
"Las cosas que vemos y hacemos son las mismas cosas que llevamos en nosotros. No hay más realidad que la que tenemos dentro"
Demian (Herman Hesse)
Con esta frase de mi escritor favorito, comienzo el relato de esta gran aventura que nos llevó a conocernos más y a saber que dentro de cada integrante de Aire Puro hay un ser humano y dentro de cada ser humano, una historia que contar.
Se podría decir que a este campamento fue la cúpula de nuestra asociación, amigos de interminables aventuras y con los cuales ya hemos compartido año y medio de nuestras existencias.
Para llegar al inicio de nuestra caminata (Km. 103 de la carretera central, a la altura de Río Blanco, Quebrada Copa) nuestro grupo se dividió en 2. Nuestro amigo Ricardo amaneció temprano (algo raro en él) y enrumbó hacia esos lares para poder investigar el camino y los demás, como ya es costumbre, se embarcaron en la puerta principal de la Pucp al mediodía de dicho día.
Richi y la gente de Aire Puro se reencontraron alrededor de las 3 de la tarde en el kilómetro ya antes mencionado y de inmediato posaron para la foto; característica del viaje, que siempre nos muestra contentos y con ganas de llegar hasta el mismo infierno si es que nos lo proponemos.
Dado lo tarde del día, la idea era acampar en un caserío ubicado en Pampa La Llama (a 2 horas de caminata), donde vive un señor muy amable y que siempre da una calurosa acogida a los mochileros aventureros (aunque sea en el corral de sus llamitas), cosa que así sucedió.
Llegar a la meta de ese día, nos costó bastante y no precisamente por lo dificultoso del camino si no por que para muchos de nosotros algunos fines de semanas es para otros asuntos nada deportivos (no es cierto Ricardo!) y para otros la melancolía de la vida misma, nos hizo mella en nuestro rendimiento.
Al igual y como siempre, llegamos a nuestro destino cuando la noche ya llegaba a envolvernos con su gran manto negro para después mostrarnos (orgullosa ella) esas perlas brillantes que llamamos estrellas.
Hablar de la noche seria hablar de muchas cosas: poemas, cuentos, verdades... pero creo que muchos de nosotros extrañamos a ese ser que guardamos en lo mas profundo de nuestro corazón y que a veces nos atrapa en una dulce melancolía.
A otros el amanecer los atrapó con el esfuerzo de tratar de dormir algo; pero, el frío y ciertos malestares, producto de una larga noche, nos lo impidió. De todos modos nos levantamos y cual Ave Fénix, 8 de nosotros nos enrumbamos a lo que seria la búsqueda de la Laguna Rapagna.
Teníamos mapas e indicaciones pero el camino era un poco accidentado. Había que caminar hasta terminar la quebrada Chueca y atravesar un cerro. El primero en llegar (mas rápido que un rayo) fue nuestro amigo Carlos Neyra. Hector lo siguió. Los demás preferimos rodear el cerro y buscar otra forma de vencerlo cosa que ocurrió pero nos tomó mas tiempo.
La laguna de Rapagna es en verdad hermosa. Está al pie de un nevado y rodeada de cerros que la hacen infranqueable. Héctor, Carlos, Manuel y Pedro decidieron llegar hasta la orilla. Los demás (Jefferson, Ricardo, Raúl, Ruth) preferimos admirarla de lejos pensando en nuestras cosas y relajándonos.
Comenzamos el retorno aproximadamente a las 12 y a las 2 ya estabamos en la casita de nuestro amigo. Le dejamos muchas pilas para su radio y le dijimos adiós enrumbando hacia la carretera para tomar la couster que nos llevó hacia nuestras casas.
Rapagna nos entregó mucho. Creo que ahora nos conocemos mucho más que antes.

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