Por Judith Risco y Carlos Neyra:
6:30 de la mañana, un poco más temprano que de costumbre, pero con las mismas ganas de empezar una nueva aventura. Esta excursión en particular se mostraba como todo un reto, ya que los rumores decían que llegar hasta la Fortaleza de Huacapune no era nada fácil; ésto, en vez de desanimarnos despertaba nuestro espíritu competitivo, del que sin duda tendríamos que echar mano para lograr nuestro objetivo.
El viaje duró menos de lo pensado, después de unas prolongadas compras en Chosica, llegamos a lugar donde iniciaríamos nuestra caminata a las 9:00 de la mañana. Desde que empezamos a recorrer el largo camino, empolvado y pedregoso, sentíamos como ascendíamos cada vez más, lo cual ya nos daba una idea clara de la gran diferencia que hay entre las caminatas de nivel 1 y ésta que era de cuarto nivel, por supuesto que algunos, como Judith, no imaginaron que su resistencia no era para dicho nivel.
Durante el recorrido hicimos varias paradas en las cuales todos aprovechamos para recobrar energías, claro está que por momentos confundíamos éstos descansos con nuestra meta, ya que éstas se convertían casi en un verdadero almuerzo, ante esto era necesaria la intervención de nuestros experimentados guías, quienes se encargaban de frenar nuestro ímpetu alimenticio, provocado por el esfuerzo físico.
Si bien algunos no llegaron a la cima, ellos tuvieron su propia cuota de adrenalina, ya que al rezagarse del grupo y resignarse a aguardar el retorno de éste, vivieron cada uno una experiencia aparte, quedando demostrado que en actividades de este tipo, no sólo pones a prueba tu resistencia física, sino que además te permiten conocer las cosas que puedes hacer ante una situación difícil, no sólo eso, también tus verdaderas cualidades y defectos salen a relucir, los que aprendes a controlar y manejar adecuadamente.
Pero la mayoría siguió adelante, exhaustos y hambrientos, ascendíamos a través del sendero que nos llevo hasta una terraza con algunos vestigios arqueológicos, aquí los que nos encontrábamos adelante hicimos un prolongado descanso con la intención de que el grupo vuelva a serlo, Jorge no deseaba descansar, así que continuo la marcha, cual explorador solitario en busca de la anhelada fortaleza pre-inca.
Reunido el grupo, proseguimos con nuestro objetivo, como Jorge se encontraba a la cabeza, nos servía de guía aunque algo ansioso, ya que nos llevo por un atajo por el cual se hacía algo difícil nuestro andar, pero la mayoría del grupo, de la mano de Ricardo, siguió por el camino correcto.
Un portal de forma casi circular nos recibió a la entrada de las ruinas, detrás de nuestro ocasional guía uno a uno íbamos llegando, la primera chica en hacerlo fue Miriam, quien hizo un recorrido por estas bien conservadas murallas, habitaciones, ventanales y demás, que hacían de ésta una verdadera fortaleza. Otros se animaron a hacer un reconocimiento del lugar, mostrando su asombro ante cada cosa nueva que avistaban, los demás descansábamos en lo que debió ser una explanada ceremonial, aprovechando la ocasión para saciar nuestro apetito y tomar un reparador descanso.
La neblina hacía su aparición y también la hora de regresar, así comenzamos a descender, cuando lo hacíamos encontramos a Judith, algo contrariada por la neblina que se ponía cada vez más espesa, se alegro mucho de vernos de regreso, a los demás rezagados los encontramos también, éstos si bien no llegaron a la meta, según nos contaron, tuvieron sus propias emociones.
De esta manera todos juntos llegamos a la carretera y poco después al pueblo donde afortunadamente nos aguardaba el transporte, así entre una amena charla y bromas diversas emprendimos el retorno a la capital.
Definitivamente esta caminata tuvo muchas cosas para el recuerdo, ya que a pesar del calor, la fatiga, la indomable altura y la incómoda neblina, tuvimos la oportunidad de conocer esta imponente fortaleza y también a nosotros mismos, lo que hizo de esta aventura, aunque agotadora, irónicamente reconfortante.