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Grupo Ticlio
Glaciar Nevado Rajuntay
Junín
Abril 2001
Por Ricardo Rivadeneira:
Si no me falla mi frágil memoria hacia 3 años que no iba por el abra Antacassa.
El Nevado Rajuntay se presentó ante nosotros con un cielo impávido, limpio de nubes, mostrándonos todo su esplendor. Eran las 10 de la mañana del sábado 24 de junio. Los ojos que ahora veían al Rajuntay definitivamente, son muy diferentes a los que lo vieron por primera vez hace años... Ahora, esos ojos discurrían por la arista oeste buscando alguna ruta que nos llevase imaginariamente a la cumbre. Aunque esta salida era solo de reconocimiento, no puedo dejar de admitir esas ganas de intentarlo que uno tiene, cuando ve un nevado como este.
Así quince minutos después, Antonio Yusa, Miguel Padilla y quien les escribe, nos fuimos acercando a este coloso que se yergue en las alturas de Ticlio. Dos horas más tarde encontramos un lugar perfecto para acampar al lado de un riachuelo y, muy cerca a 2 pequeñas lagunas. Descansamos un par de horas, tiempo que aprovechamos para almorzar y dormitar un poco.
A las 2:15 p.m. salimos en busca de nuestro objetivo: llegar al glaciar del Rajuntay, cosa que hicimos como a las 4 de la tarde después de tratar de adivinar el camino adecuado, en una morrena algo generosa.
Dicen que hace 7 años nadie llega a la cumbre del Rajuntay y la verdad que intuí el por que. Desde el glaciar tomamos hartas vistas con zoom incluido, de los últimos 100 metros, y solo observaba puros pasos mixtos. Nos decían que era el más técnico de los nevados del sector y, a simple vista parece que si lo es.
Ya en el campamento pasamos una noche realmente helada. Un cielo lleno de estrellas y un frío que a veces nos remontaba a la clásica pregunta... ¿que diablos hago yo aquí?. La mañana nos recibió con una noticia desagradable. Algunos objetos personales de nosotros había sufrido el hurto el día anterior y, recién nos habíamos dado cuenta. Tras esa noticia solo nos quedó esperar a que los rayos del sol caliente las carpas, que estaban totalmente escarchadas.
A las 9 a.m. iniciamos el camino de retorno a casa, no si antes visitar a todos los caseríos que encontramos en la ruta. No encontramos nada pero se hizo el intento. El Rajuntay seguía expectante e impresionante.
A la 1 p.m. llegamos a la carretera y después de esperar 5 minutos, un interprovincial nos trasladó hasta Lima. Ya en Chosica nos enteramos de la captura de Vladi, del terremoto de Moquegua y la caida de Alianza Lima.
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