|
Grupo Ticlio
Sol Soberano
Nevado Santa Rosa
Ubicación: Flanco Sur - pared Sureste
Hielo y nieve: 40°
Terreno Mixto: 90°, 5.8 superior, A0
Noviembre 2001
Al final morirás... bajo un sol soberano.
Mar de Copas
Por Ricardo Rivadeneira:
Recuerdo que todo empezó un domingo de mayo. Sin nada que hacer un fin de semana dirigí mis expectativas, a realizar el Santa Rosa en solitario por la ruta normal. Algo bien fácil para empezar. Nunca había ido a ese sector y... ahí estaba lo emocionante.
Lamentablemente me equivoqué de ruta y logré llegar a 60 metros de la cumbre por la arista este, y no la oeste como me lo habían señalado. Faltaba solo un pared pero solo no me atrevía a realizarla; los precipicios eran muy amenazadores, y la verdad que para mi primera experiencia en solitario, ya había tenido demasiado ese inolvidable día.
En junio enrumbamos a aquel sector. Ya habíamos coronado el Santa Rosa por la ruta normal un 10 de Junio del 2001 con Héctor e Indira; pero la idea era hacerlo por donde fui aquella vez. Aquella cordada la formamos Hugo Huertas, Dante Galindo y yo. Lamentablemente nuestra lentitud, falta de aclimatación y falta de equipo hizo que la empresa abortase a 30 metros del final. Eran ya las 4 de la tarde de un domingo 24 de junio y aún estábamos en la pared. Fue realmente toda una odisea el regresar a casa aquella vez.
Después de algunos desencuentros, Hugo y yo enrumbamos a San Mateo el día de la canción criolla. Nuestros pensamientos estaban puestos en dicha pared.
Las nubes negras y el gélido ambiente presagiaban que una tormenta venía en camino. Una combi (transporte público que habíamos contratado) nos había depositado en Ticlio, alrededor de las 11 de la mañana del primer día de noviembre. Con mucho peso encima enrumbamos al Glaciar Perdido. Los síntomas de tormenta se hacían mas evidente. Apresuramos el paso y logramos armar el campamento base antes que ésta se desate.
Era un viernes 2 de noviembre y ambos estábamos con buenas vibras. Hacia frió pero era soportable. Para llegar a la pared sur-este del Santa Rosa primero se debe cruzar el glaciar de extremo a extremo, para llegar a la arista este y después realizar una pequeña pero expuesta travesía hacia la base de nuestra pared. De ahí a la cumbre son 60 metros aproximadamente.
A las 2:30 a.m. salimos del campamento rumbo a la cumbre del Santa Rosa. Llegamos a la arista este, justo al amanecer. Presencié el amanecer mas hermoso en Ticlio en estos pocos años que lo he venido frecuentando. Hugo y yo lamentamos no haber llevado alguna cámara fotográfica. El confió en que yo la trajese y yo simplemente ando en plan de ahorro, y no me digné en adquirir un nuevo rollo de slides para aquella ocasión.
Luego vino la travesía y una pequeña pendiente que nos tomó bastante tiempo en superarlo; pues la nieve nos llegaba hasta la cintura. Más que huella se estaba confeccionando realmente un gran surco. Al pie de la pared estuvimos exactamente a las 6 de la mañana. La verdad que tuvimos un avance muy lento, pero por fin estábamos allí. A nuestro alrededor no había nubes. Eso nos presagiaba que el destino nos daba la oportunidad de terminar aquello que habíamos comenzado hace meses.
Hugo iba de primero. Se puso todo el equipo que habíamos llevado: pitones, empotradores, friends, mosquetones, cintas... él iba a escalar con las 2 cuerdas que llevamos en busca de algún lugar donde colocar una reunión. Después izaríamos las mochilas y posteriormente, yo de segundo; me tocaría recoger todo el material que se había puesto para asegurar.
Entrar a la pared no fue sencillo. Hugo se tomó su tiempo. Pensaba que con el calzado adecuado sería más fácil; pero estábamos escalando con crampones. Ya en la pared la primera preocupación era de colocar el primer seguro. Hugo probó de todo y no tuvo mas remedio que colocar un pitón. Ambos respiramos cuando sucedió eso. Siguió escalando y poniendo seguros hasta que se me perdió de vista.
Hugo puso la reunión en una gran repisa a 15-18 metros del inicio. Se izaron las mochilas y ahora me tocaba subir a mí y, vaya que me tomé mi tiempo en ingresar a la pared. No se cuantos intentos fracasaron, hasta que por fin pude colocar mi pie izquierdo adecuadamente y mis manos sostenían una buena presa. Ahora a quitar el pitón. Pasaron largos minutos y no lograba sacarlo, hasta que por fin salió; pero por mala suerte, fue a dar al inicio de la pared. A Hugo le grité que me descolgara algunos metros para recuperarlo, cosa que hizo y todo comenzó de nuevo; pero esta vez todo aquello fue más rápido... En unos minutos me reuní con Hugo en nuestra primera reunión.
Llegaba el segundo largo que poseía la parte más complicada, y que nos detuvo meses atrás. Hugo ascendía lentamente pensando en cada movimiento. Trató infructuosamente en esquivar el paso complicado, mediante una rampa o una travesía que le había indicado desde abajo; pero estos se veían más complicados y peligrosos. Al final Hugo decidió ir por donde aquella vez. Me pidió más concentración en asegurarlo. Pasaron muchos minutos antes que se decidiera en pasarlo en artificial. Esto quiere decir que no solo se valdría de las presas de las rocas, sino que por un instante de tiempo, estaría apoyado sobre el material que había puesto en una fisura. Fueron momentos tensos hasta que Hugo superó el paso, y nuevamente se me perdió de vista.
Pensé en un momento que iba a dirigirse directamente a la cumbre; pero las cuerdas se atascaron en un punto, obligando a montar una segunda reunión.
Cuando se izaron las mochilas, estas se atascaron en la mitad de la pared, por lo que se decidió que el avance de las mochilas y mi persona iba a ser de manera simultánea. Pensé que si Hugo se había demorado alrededor de hora y media en superar este tramo, yo me iba a demorar mucho más.
Contrario a mis suposiciones, ascendí de manera algo rápida; hasta que llegué al tercer seguro en donde realicé un mal movimiento, y caí algunos metros; pues el pitón del 3er seguro se desprendió por mi caída. Recuerdo que renegué un poco por mi torpeza y por que había roto nuevamente mi pantalón. Cuando le conté a Hugo lo sucedido nos alegramos que él no hubiera caído pasando dicho seguro, pues a él si que le iba a doler la caída.
Proseguí mi ascensión demorándome (como era de suponerse), muchos minutos en el paso clave que al final lo superé con mucha adrenalina en mi interior. Momentos después me reuní nuevamente con Hugo en una reunión donde apenas cabíamos los dos.
Tomamos algo de gatorade y como ya faltaban pocos metros para la cumbre, decidimos que cada quien llevara su mochila en la espalda. Las cuerdas estaba enredadas y nos tomó varios minutos desenredarlas. Después Hugo siguió, colocó 2 seguros intermedios y por el walki talkie, me informó que ya había llegado a la cumbre donde colocaría la última reunión...
Cuando llegué a la última reunión solo atiné en darle la mano a Hugo, y observar la belleza de los nevados situados a nuestro alrededor. Nunca habíamos tenido tan buen tiempo para escalar, donde el sol hizo que nuestras manos no sufran con las heladas rocas, como en otras oportunidades.
AirePuro poseía por primera vez una ruta en Ticlio. Ambos comentamos dicho asunto y a la vez platicamos los numerosos proyectos que pululan en nuestra imaginación, y pelean por salir a la realidad.
Un nombre... la ruta necesita un nombre... le propuse a Hugo: "Sol Soberano", porque el Sol fue el tercer componente de nuestra cordada.
Allá arriba pensé lo complicado que es nuestro vivir, y lo tranquilo y simple que me sentía. Nuestra vida es así... Sabemos que dejamos mucho en Lima... sabemos que por el ir a las montañas nos perdemos y sacrificamos muchas cosas que nunca vamos a recuperar; pero la vida es así y por cada decisión que uno toma, siempre se pierde y se gana algo. La vida es así... Es triste pero reconfortante a la vez, que por un instante mágico de tiempo nos liberamos de ciertos tapujos y miedos, y nos aliamos con el viento, con el sol, con las nubes, con la montaña y... nos sentimos partícipes de una experiencia que nos conduce simplemente, a encontrarnos a nosotros mismos.
Media hora después decidimos bajar por la ruta normal. Pensábamos que iba a ser sencillo, pero la rampa sur que conduce a la arista oeste había perdido casi toda su nieve. Ahora era roca y piedra descompuesta. Tuvimos que montar un rappel de 45 metros para llegar a las manchas de nieve, que veíamos desde la arista. Debo confesar que confié muy poco en aquella estaca que clavamos, y que teóricamente nos iba a sostener a Hugo y a mí hasta bajar algunos metros. Pero la estaca nos sostuvo y quedará clavada hasta que aquella rampa se llene de nieve otra vez, y alguna persona la haga suya.
En la carpa estuvimos a las 3 p.m. Descansamos algo, embalamos todo y estuvimos en la carretera central a la 6 de la tarde, donde esperamos un par de horas, para que un camión se digne de recoger a 2 locos mochileros sonrientes, que se estaban congelando en Ticlio.
|