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Grupo Ticlio
Anticona Oeste
Lima - Junín
Enero 2002
Por Carlos Guevara:
Inspiración, palabra exacta que define lo que cada uno hizo para vencer el frío (nevada y granizada incluida) y la altura que hizo sentir sus estragos. Y es que con el paisaje visto, era lo menos que se podía sentir para darle ganas a esta travesía. Travesía que empezó en Lima en la puerta de la Católica con 7 personas; que se pensó, eran las únicas almas con la determinación de ascender uno de los nevados de Ticlio. ¿Número cabalístico que llamaba a la suerte?... No lo sé, pero creo que nos acompañó en el recorrido.
Salimos de ahí alrededor de las 4 de la tarde para llegar a Chosica a eso de las 6. Esperar a que se llene el carro para San Mateo era -creo-, lo previsible. Terminamos saliendo 6:30 y arribamos más o menos a las 8:30. Tras dejar las cosas en la hostal y acomodarnos, nos encontramos con gente que decidió avanzar un poco e ir directamente a San Mateo. Un grupo de personas se animó a estirar un poco las piernas para llegar a un restaurante, el más grande de San Mateo, al parecer para comer algo. Ahí se encontraron con más gente airepurina. Ya para las 11 la mayoría de la gente estaba en sus respectivos cuartos.
A la mañana siguiente, ya para las 4:30 a.m. todos estuvimos reunidos para salir a desayunar algo. Y entonces, nos dimos cuenta que más gente había llegado en el transcurso de la madrugada al hostal. Ya éramos alrededor de 20... Después del desayuno emprendimos para Ticlio, llegando a eso de las 7:15 donde nos recibió una nevada y una neblina que se venía venir a lo lejos.
La ascensión se produjo sin problemas. Luego de 10 minutos estábamos rodeados de la neblina, como si fuera el preludio de una granizada que nunca ocurrió; pero aparecería al final del trayecto. Continuamos avanzando sin problemas, llegando al collado alrededor de las 11:00. Caminamos un poco más y llegamos a la canaleta, la cual pasamos con un poco de dificultad, puesto que por la nieve estuvo muy resbalosa. Se tendió una cuerda en ese tramo para aminorar el peligro de resbalarse. Luego llegamos a la arista, tramo último y a la vez el que requería mayor concentración, porque se presentaban a ambos lados caídas verticales y rocas inestables.
Se gritó cumbre alrededor de las 12. No voy a decir que se conquistó la cima de esta montaña, puesto que nosotros sólo la ascendimos. Pienso que no podemos conquistar a la naturaleza manifestada en montaña. La montaña nos permitió ascenderla. La providencia estuvo con nosotros.
Tras fotos obligadas y un descanso con una vista digna de postal, emprendimos el retorno a la carretera, donde llegamos 10 minutos antes que se presentara la granizada descrita arriba. Carretera que nos llevaría a casa, tras previa parada momentánea en San Mateo. Así terminó una ascensión digna de repetirse, o mejor dicho, digna de hacerse.
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