Viernes, 18 Mayo, 2012
The offspring of a customized orbiter
Explora. Sueña. Descubre. Dentro de veinte años, estarás más arrepentido por las cosas que dejaste de hacer
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Home 2002 A-0040-San Andrés
A-0040-San Andrés PDF Imprimir E-mail
Escrito por Auraluz Topazio   
Martes, 03 de Enero de 2012 10:21

Grupo Ticlio

San Andrés
Lima - Junín 
Marzo 2002 
 
Por Dante Galindo: 
 
Existen momentos, en los que un montañista busca encontrar un sentido exacto al hecho de subir un nevado; quizás el reto de conseguir lo inútil, por citar a L. Terray, quizás por el simple hecho de que la montaña este allí, recordando palabras de G. Mallory; quizás solo por que... aún no lo sé... o al menos no lo puedo precisar con exactitud. 
 
Pero sin mas preámbulos, pergeñemos lo sucedido aquel día, o mejor dicho, la ascensión: Nos encontrábamos 18 personas al pie de la montaña, la vista era traslúcida a través de las pequeñas gotas de vapor de agua a nuestro alrededor... neblina!. Al final no importa cuantos ni quienes fueron los que consiguieron el objetivo trazado, lo importante es que los 18 estuvimos de regreso para contarlo.
    
Iniciando la jornada
    
A lo lejos el Volcán y Lorito

Las primeras pendientes sobre el relieve de la morrena fueron superadas, con la facilidad con la que un niño da sus primeros pasos; claro que recién estábamos calentando y, las piedras camufladas caprichosamente por residuos de nieve -depositada hacía poco- fastidiaban a cada paso; valdría decir que caminábamos sobre rocas jabonosas, dispuestas a eyacularnos de la montaña. La línea que se trazó para llegar al glaciar, discurría muy cercana a la base de la pared sur de los Anticonas Central y Este.
 
El frío se dejaba sentir y una espesa pero generosa neblina que nos cubría, no permitía la visión mas allá de los 50 metros. Poco antes del glaciar se despejo el cielo y asomó sus narices un sol abrasador (que más pareció la canícula del medio día), obligándonos a ponernos las gafas y aligerarnos de prendas, El paso aminoró, pero aun así: "el sudor" se hizo presente. Paso siguiente, subimos una mini pared de roca jabonosa, con la parsimonia propia de una persona exhausta, eso fue todo lo que nos separo del glaciar. 
 
La laguna congelada poseía. Era totalmente dueña de una belleza enigmática entre celeste y gris... cautivadora; pero, había que andarse con cuidado. Una caída equivalía congelarse. Así que se armo con meticulosa prolijidad, un pequeño sistema, con la finalidad de asegurar a los más inexpertos.
 
La neblina había vuelto y le dio un condimento especial a la travesía, un par de caídas, le dieron la cuota de emoción (o quizás horror) al asunto y luego: la pendiente de nieve, blanca, muy blanca y suave; el piolet se hundía como si fuera una espadita, en el helado que representaba aquella sábana inclinada y lisa. Por 20’ subimos uno por uno con la nieve cubriéndonos las pantorrillas, y la grasa derretida surcando nuestras frentes y patillas… ahhhh, ¡¡¡que delicioso era!!!... Minutos más tarde estábamos en el collado; descansando, reviviendo, esperando que el clima, que aún era benigno, mejorara un poco más.
    
Paso peligroso
    
Laguna congelada

A continuación vinieron las rampas, un conjunto de piedras de los más diversos tamaños, tapizadas con una película enjuta de nieve. Luego de media hora, visualizamos un pequeño descansillo a lo lejos, al que denominamos: "el hombro", ese era el punto clave, teníamos que llegar allí; luego el camino hacia la cumbre, sería un bizcochuelo... nos equivocamos.

Pero no me saltaré nada del relato -decía- que estábamos en las seudo rampas, ascendiendo con tropezones, sustos y, las falanges caladas por la piedra hecha hielo; pero llegamos enteros al llamado hombro; y ya sobre él, veíamos la cumbre casi al alcance de nuestros dedos. Si alguno de nosotros se hubiera podido estirar 25 metros la habría tocado, pero eso era imposible, lo real era aquella pared casi vertical que nos llamaba.

Al menos a mí, me jalaba con sus manos... con uno de sus dedos, me arrastraba hacia ella, tomándome del mentón, me susurraba al oído y me hacia sentir en un sueño... hipnotizado... sin conciencia... Debieron haber transcurrido horas... ¡¡¡Pero la realidad fue otra!!!. No había manos, no era un sueño... y no había cuerda; era riesgoso en demasía, que todos lo intentáramos por allí... un fuerte llamado de atención a mi persona, mis queridos amigos y miembros del jurado (gustoso hubiera recibido un par de cachetadas)...

¡Debemos dar un rodeo! Y buscar otra forma de atacar el último tramo: a mí me tocó esperar al segundo grupo (no recuerdo en que momento nos dividimos), e indicarles por donde era que habían de subir. 10 minutos más tarde y todos estábamos arriba. Finalmente se había encontrado una pequeña arista barrosa y un poco afilada... ¡¡¡cuidado carajo!!!... El abismo es impresionante o al menos debe serlo, no se puede ver el fondo: es la pared sur... algún día la haremos!

Muchos cuentos, ideas o sentimientos se pueden contar o sentir en la cumbre: dolor, alegría, congoja, emoción; lo cierto era que le llegaba el turno a la bajada y en ésta, los dioses de las alturas dejaron al clima libre de obrar a su albedrío. La niebla se tupía raudamente, nos ahogábamos respirando. El frió se hizo crudo y la nevada se fue haciendo copiosa. 

    
en la arista
    
cumbre!!!!

Cuando todos los ingredientes terminaron por conjugarse, llegó lo más predecible y menos esperado a la vez: "Un Rayo"; que trajo consigo el sonido estrepitoso del trueno: "Boooommm" a continuación, prosiguieron una seria de cañonazos, que nos alejaban poco a poco del solaz de una tarde de marzo. La tensión ya en aumento, se hizo terriblemente dolorosa y punzante; pero se supo mantener la calma. Quizás la misma que sentiría un obrero tomando té en una fábrica metalúrgica. Y a pesar de la calma, el descenso fue violento, yo por mi parte bajé lo más rápido que me permitió la cola del grupo. En el collado volamos y la pendiente de nieve, prácticamente la esquiamos con las botas. El peligro había pasado entonces y solo restó, nadar a través de esa viscosa neblina. 

Al final, con Richi desarmamos el sistema y nuevamente a la morrena, donde por segunda vez en el día, un olfato casi canino nos devolvía en el camino de retorno. Ya en la pista completamos el grupo y de regreso a casa... o más bien, dicho a un problema que convertido a novela, con capítulos propios, nos demoró todavía un poco más... en fin... esa historia ya no me corresponde a mí. 

 

Última actualización el Lunes, 05 de Marzo de 2012 11:44