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Grupo Ticlio
Nevado San Andrés - Arista Oeste
Lima - Junin
Enero 2003
Por Ricardo Yagui :
Luego de un rico desayuno, consistente en Patasca para algunos, y emoliente y café para otros. Partimos rumbo a Ticlio, allá nos esperaba el no tan nevado San Andrés. Para mí era la primera vez que iba a un nevado, que se suponía de dificultad -para mí, claro está-, sin considerar que ya había ido anteriormente al Pastoruri.
Comparado con la salida que tuvimos dos semanas antes al Cerro Jocohanca en San Mateo, ésta me pareció menos exigente; pero, igual de agotador. Sobre todo en la bajada, que todo el terreno estaba cubierto de detritos, roca fracturada tirada por todos lados. El infierno para mis pies... parecía Fakir.
La subida fue suave, hasta que me cansé. Lo bueno fue que descansábamos lo suficiente para poder reponer las energías. El paisaje se tornaba algo aburrido, ya que todo era roca y uno tenía que estar sorteando las piedras sueltas para no pisar mal y caerse. Esto cambió cuando llegamos a la parte de nieve, fue cuando me acordé por qué estaba ahí. A pesar que la nieve no era mucha, fue suficiente para levantar los ánimos y seguir hacia la cumbre; además, por ratos caía una leve nevada que le daba otro feeling a la subida.
Antes de llegar a la cumbre por la cara Oeste, nos encontramos en una arista donde unos 3 tramos de recorrido fueron un reto al vértigo. Sobre el final, Guillermo y Diego armaron un sistema para asegurar a Diego y ayudar a los demás a cruzar la arista, pasado esto y diez metros más llegamos a la cumbre, gran satisfacción luego de casi cinco horas de subida.
Una vez arriba todos nos echamos a descansar por un rato, tomamos la foto respectiva y luego salió el sol, como saludándonos por nuestro esfuerzo, fue un saludo cortito, ya que se ocultó y empezó a subir la neblina, ahí decidimos bajar.

Como lo había mencionado, la bajada fue lo peor del día para mis pies, creo que por eso llegué al último a la carretera. De suerte no esperamos mucho y pasó un Interprovincial que nos llevó a San Mateo.
En el Hospedaje Patrón, Manolo nos prestó su baño para lavarnos, cambiarnos la ropa mojada y estar listos para regresar a Lima. Llegamos a Lima como a las 10:00 de la noche.
Fue mi primera salida a un nevado, y a pesar que el cansancio te hace pensar cosas como: por qué no me dedico a otro deporte... esta es la última vez que vengo, la próxima, me voy a la playa. Mientras yo estoy aquí pelándome de frío; mis patas están en la playa o paseando por las calles de Lima... debo decir: que nada se compara con la satisfacción de llegar a la cima de una montaña; luego de horas de caminata y sufrimiento, y ver el paisaje alucinante desde allá arriba. Claro que esto uno recién se da cuenta cuando está en su cama... bañadito... y ¡¡sin hambre!!.
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